Olvidando lo imperdonable

Han pasado varios años desde que tuve este sueño, y debo decir que fue bastante raro y también uno de los que me dejó perturbado los días siguientes.

En fin, el sueño fue así:

No puedo decir si estaba anocheciendo o si estaba por amanecer, pero yo estaba en mi cuarto, sentado en mi cama, con la mirada fijada al suelo y cubriéndome la cara con ambas manos. Parecía que había estado en esa posición todo el día (o toda la noche) seguramente porque continuaba impactado por lo que había hecho.

“¿Pero qué fue lo que hiciste?”, ustedes dirán… hasta el día de hoy yo me pregunto lo mismo. Solamente puedo decir que no fue asesinato, violación o agresión física/psicológica de algún tipo, por supuesto que no… quiero creer que algo así hubiera sido mucho más fácil de superar. No sabía con precisión qué era lo que hice, sólo sabía que era lo más bajo y destructivo que se puede hacer contra alguien.

deprimido

Yo continuaba en la misma posición, cuando de repente “algo” apareció a lado mío en mi cuarto, aun cuando la puerta estaba cerrada.

“Algo” no es correcto, sino “alguien” que definitivamente no era humano. Él estaba cubierto por una oscuridad total y su estatura era más grande que la de una persona normal. Estoy casi seguro de que ese ser era lo que los humanos conocemos como un “demonio”.

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– ¿Qué? ¡Ya estás aquí! -le dije.

– Vaya, vaya… finalmente lo has hecho!

Me quedo en silencio y él continua hablando:

– Así que tampoco lo niegas, jajajajajaja. ¡Sí que resultaste aburrido!

Yo continúo en silencio.

– Bueno, pero ya que lo has hecho sabes perfectamente lo que te espera, ¿verdad?

Con tristeza afirmo con la cabeza y comienzo a ponerme nervioso.

– Hey, no te pongas así… todavía tienes mucho tiempo.

Finalmente, lo miro a los ojos y comienzo a gritarle con fuerza:

– ¡PERO YO NO PUEDO SEGUIR VIVIENDO ASÍ, MALDITA SEA!

Él me mira un tanto sorprendido y me dice:

– No te entiendo. Sabías perfectamente que todo iba a acabar así tarde o temprano, pero preferiste ignorarlo hasta que ocurrió.

– Sí, pero…

– No importa lo que pienses o como te sientas ahora, ya sellaste tu destino y sabes muy bien que serás juzgado cuando esto termine.

– Sí, lo sé muy bien pero… ¡no puedo evitarlo, quisiera solucionarlo pero sé que no hay marcha atrás!

Y entonces me pongo a llorar. Inmediatamente después logro decirle:

– No importa cuánto tiempo me quede antes del juicio, si continúo así solo estaré sufriendo hasta que llegue ese momento.

Él me mira en silencio. Era extraño, sentía como si ese ser y yo nos hubiéramos conocido desde hace mucho tiempo, tan así que llegaba a sentir una especie de “lástima” proveniente de él, aún sabiendo perfectamente que aquel ser no posee ninguno de los sentimientos que tenemos los humanos.

Después de un largo silencio en la habitación, finalmente él me dice:

– Bueno, no puedo hacer nada para evitar tu destino, pero quizás pueda hacer algo para que disminuya un poco tu culpa.

– ¿Eh? ¿A qué te refieres?… ¡Dímelo por favor!

– Expiación. Durante tu vida tendrás que pagar constantemente por lo que has hecho. Claro que esto no te librará de tu juicio final, pero al menos no sufrirás tanto hasta que llegue ese momento.

– Pero aún así, el mero hecho de recordar lo que hice no me dejará continuar viviendo normalmente… sabiendo el destino que me espera y que lo que haga es inútil para librarme de ello, NO ME DEJA PENSAR NI HACER OTRA COSA. ¿ES QUE ACASO NO LO ENTIENDES? ¿POR QUÉ CREES QUE HE ESTADO AQUÍ SIN PODER HACER NADA TODOS ESTOS DÍAS? ¡ESTOY EN UN CALLEJÓN SIN SALIDA!

– Pero ése no es problema mío… -y entonces comienza a reír. Después de unos segundos su risa se silencia y me dice-. Escúchame bien, no estoy obligado a hacerlo y quizás ni debería, pero haré una excepción: te ofreceré dos posibles “soluciones” a tu problema.

Él me ofreció dos alternativas y me explicó detalladamente cada una. Estuve en silencio unos minutos, meditando cada una hasta que finalmente me decidí: escogí la segunda.

– ¿Estás seguro?

– Sí. Sé que es la opción más cobarde, pero lo he pensado muy bien y estoy seguro de que es lo mejor para mí.

– De acuerdo, entonces así será: quitaré tus recuerdos de este acontecimiento y todo lo relacionado a este asunto excepto de aquello que considere importante para que hagas lo que tengas que hacer durante tu vida y logres expiar lo que hiciste. Cuando llegue el momento te devolveré tus recuerdos y hasta entonces no volverás a verme.

Justo cuando él está por marcharse logro decirle:

– Gracias.

Él lanza una carcajada y se va. Cuando él desaparece, olvido por completo los detalles de lo que hice y despierto de mi sueño.




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